Os presento a continuación el extracto de un artículo que publiqué a comienzos del curso en “Diario de Alcalá”:

En Septiembre entraron en funcionamiento en nuestra universidad la mayor parte de los grados, que sustituyendo a las licenciaturas, visualizan el comienzo de la adaptación al Espacie Europeo de Educación Superior (EEES). Pero por encima de la formalidad de los nuevos planes de estudio, nombres de las carreras y métodos de enseñanza está la institución como organismo vivo que está sometida, como todas las actividades, a las circunstancias de la coyuntura económica que nos rodea y los cambios que ésta va a traer en todo el tejido productivo y social del país. Es una buena ocasión para que recapacitemos sobre lo que es la Universidad de Alcalá y lo que de ello se deriva en las actuales circunstancias:

Es una universidad pública que está en la Comunidad de Madrid. En la CAM hay en la actualidad funcionando trece universidades presenciales (6 públicas y 7 privadas) y dos a “distancia”. Estamos pues ante una concentración universitaria en un espacio continuo, abierto y perfectamente articulado por transporte, que es única en España. Esto quiere decir que los factores de competitividad están siendo y van a ser en el inmediato futuro muy fuertes, imposibles de obviar, y que la planificación en la colocación de recursos en cada una de las universidades y eventualmente en el sector público de universidades como un todo, va a ser imprescindible para subsistir y prosperar. Las autoridades de la CAM, como gestoras del bien público de la enseñanza superior, van a tener que asumir antes o después su responsabilidad de planificar el mapa universitario público de Madrid y la autonomía universitaria va a tener que adaptarse a esta situación, asemejándose más a lo que este concepto significa en países desarrollados, que no tuvieron la traumática experiencia de dictadura de las generaciones universitarias españolas. De momento la Comunidad puede dejar que nos “cozamos en nuestra propia salsa”, pero pronto el responsable de todas las universidades públicas de Madrid (el Gobierno de la Comunidad) va a tener que  hacer una distribución planificada de recursos y ese va a ser un escenario nuevo en el que se va a tener que desenvolver nuestra universidad y todas las de Madrid. Las universidades, la nuestra entre ellas, no podrán tener una actitud pasiva en este inevitable proceso, al contrario han de instar y colaborar con la Comunidad a que asuma su papel y trabajar coordinadamente con ella.

Es una universidad grande. Con 20.000 estudiantes, 1.800 profesores y 800 administradores sólo 22 de las 77 Universidades españolas son mayores que la nuestra. La cantidad  llega un momento que se convierte en cualidad. Por ejemplo, está asumido en todo el mundo universitario que la línea de los 20.000 estudiantes es precisamente la que hace pasar a una institución universitaria de ser susceptible de una gestión razonablemente buena a sumar más problemas que los que puede resolver eficazmente, ello al margen de la distribución porcentual de sus recursos. Han pasado ya los tiempos en los que tamaño era signo de distinción, pero es también importante no ser muy pequeña, porque se necesita una adecuada masa crítica de la que se obtienen múltiples efectos multiplicadores, disponibles para investigadores, docentes y alumnos. En suma una universidad grande como la nuestra y bien gestionada puede ser  una fuente de servicios para su propio colectivo, la sociedad y territorio de su entorno y tiene en principio la capacidad para una diversificación de sus potencialidades en el mundo global y sin fronteras del saber.

Es una universidad madura, incluso en su nueva etapa (treinta y cuatro años). Solamente  27 de las 77 universidades españolas llevan más tiempo funcionando que nosotros. Cada una de ambas categorías  tiene distintos rasgos, potencialidades y problemas. Entre los problemas a los que tiene que ha enfrentarse  nuestra universidad en los próximos años está el de la renovación de la plantilla del profesorado, que por razones obvias de haber nacido grande desde el principio está muy concentrada generacionalmente y que está en estos momentos llegando a los años de  jubilación. Pero entre las ventajas está que si se encara este asunto abiertamente hay margen para no improvisar porque ya se han formado y madurado generaciones de nuevos especialistas en la institución o relacionados con maestros de esta universidad. Hay que hacer virtud de la situación, no un dilema. Hay que tener cuidado en no perder el capital humano que tanto esfuerzos individuales y colectivos ha costado conseguir. La Universidad de Alcalá tiene también, por ser madura, una cultura institucional de negociación interna, concertación y resolución de conflictos que será muy útil en estos momentos de inevitable cambio.

Y la Universidad de Alcalá es algo más que una universidad. Ningún universitario de Alcalá es insensible al hecho de que la Universidad es la conciencia colectiva de Alcalá de Henares. En términos de potencial del presente esto es un plus que no todas las universidades españolas tienen, o al menos hay pocas que lo tienen con la fuerza de la nuestra. La sociedad que hay detrás de esta conciencia a veces parece con poca capacidad para empujar a su universidad, incluso algunos creen que aquella siempre espera más que lo que puede dar.  El potencial del Corredor del Henares, en un momento crucial de su destino económico, puede manifestarse con relativa facilidad en su universidad. Hay que hacerlo realidad con realismo, con decisión y con el convencimiento de que lo público en unas décadas será claramente algo mucho más extenso que lo que hoy entendemos por Administración pública. Cualquiera que sea el color de los gobiernos que haya en nuestro país en las próximas décadas, va a trabajar bajo el principio de que la “inversión pública” en universidades está consolidada y que, la mejora, crecimiento e innovación posible estarán en la capacidad de cada una de ellas para encontrar aliados en la sociedad para llevarlos a cabo.

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