En un nuevo ranking de universidades publicado a comienzos de este mes (El Pais 2.11-209) basado sobre todo en datos de investigación, la Universidad de Alcalá aparece la número 42 entre las cincuenta “mejores” españolas (78 en total) que en conjunto están situadas sólo en el tramo medio de las 1500 analizadas para todo el mundo. El trabajo es riguroso, realizado por el Grupo de Investigación SCImago, del Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC y de diversas universidades, entre ellas la de Alcalá, analizando los trabajos publicados en 17.000 reconocidas revistas entre 2003 y 2007.

Este estudio se añade a otros previos, de distinta valía ciertamente, en los que en general no sale nuestra universidad bien parada. A raíz de ellos, hace unos meses en el Consejo de Gobierno se presentó un estudio que nos situaba en el número 25 y en un rápido cálculo que hice de la media de todos los publicados hasta ese momento, salía nuestra universidad en el número 24. En suma, podríamos decir sin temor a equivocarnos mucho que seguramente andamos entre las posiciones 20 y 30 a nivel nacional; que a nivel mundial entre esas 1500 universidades citadas puede significar estar entre posiciones del 800. No son unas calificaciones ciertamente lucidas sobre todo si tenemos en cuenta que las universidades de Madrid, con la excepción de la Rey Juan Carlos (mucho más joven) se sitúan en la mayoría de los rankings  por delante de nosotros.

Creo que ya ha pasado el tiempo de descalificar estos estudios, pues ya son un número suficiente como para que consideremos que los errores en un sentido u otro están compensados y más todavía cuando, como en el presente, han participado equipos de expertos de nuestra propia universidad. Y por el contrario va siendo hora de que recapacitemos en todos los niveles de nuestra institución qué es lo que está pasando para que haya una disparidad tan grande entre lo que deseamos y lo que está resultando.

Me permito una reflexión, que sólo planteo como objeto de debate, como otras posibles que pudiere haber: creo que el elemento principal del problema que hay aquí es la política de personal docente e investigador seguida en nuestra universidad, los inadecuados incentivos en acción para la investigación y la falta de un plan general de investigación con priorización de objetivos y medios.

En general hacer esto en cualquier universidad española es muy complicado, por ello, y no sólo por la falta relativa de medios, estamos tan alejados de las posiciones relevantes de otros países de nivel de renta similar. Pero todo es relativo: marginalmente algunas universidades están siendo capaces de articular una mejor política y gestión al respecto, habiendo tenido que pasar con toda seguridad por la tensión y los conflictos que afrontar estas cosas conlleva, pero los han afrontado y empiezan a recoger los resultados.

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