Este fin de semana he  tenido el honor de clausurar, en compañía de Arsenio Lope Huerta, Director de la Fundación General de la Universidad, la exposición sobre Cisneros, que ha estado abierta al público en la sede del Instituto Cervantes desde el 26 de Noviembre hasta el sábado 24 de Enero. Me cabe, además, la satisfacción de haber sido el comisario de esta muestra con la que pretendíamos dejar constancia de la huella reformadora dejada por el fundador de la Universidad de Alcalá. Como les dije a quienes me acompañaron en la última visita guiada a la exposición, “nuestra voluntad esencial era transmitir a los visitantes una idea cabal de la impronta dejada por Cisneros en el alma de los alcalaínos”.

Casi 3000 personas han visto esta exposición en los dos meses que ha estado abierta, y a ellos habría que sumar, como dijo Lope Huerta, los que han participado en las conferencias y mesas redondas paralelas. Tenemos motivos, por tanto, para sentirnos satisfechos por los resultados de esta iniciativa en la que han participado la Universidad, la Fundación General, el Instituto Cervantes, el Ministerio de Cultura, el Ayuntamiento de Alcalá y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales.

“El Arzobispo de Toledo -escribía yo en el programa de mano que se entregaba a los visitantes- eligió esta localidad como su base principal de operaciones para la plasmación de un ambicioso proyecto de reforma del clero español que, por extensión, sería el de toda la cristiandad, dada la preeminencia que en esos años tomaría la nación española en Europa”. Una reforma que, en su concepción, se adelantaba a la protestante y enlazaba con la corriente erasmista dentro de la Iglesia Católica, y que precisaba la formación de teólogos, filósofos, juristas y lingüistas.

Más de cinco siglos después, la voluntad reformadora de Cisneros, su fe inquebrantable en el conocimiento como palanca para la mejora del país, su inteligencia para adelantarse al futuro, siguen siendo un ejemplo luminoso para todos nosotros. Cisneros perseguía la excelencia, como hoy la buscamos nosotros mediante el esfuerzo, el diálogo y la colaboración con cuantos tienen algo que decir en el futuro de nuestra Universidad y de nuestra ciudad. El alma de alcalá y de los alcalaínos no se entiende sin la Universidad, y eso se debe a la iniciativa de aquel austero fraile franciscano al que la historia situó en el centro del poder del más poderoso reino de su época. Y por todo ello Cisneros, a mi juicio, es el personaje histórico que mejor encarna la síntesis de lo que fue y lo que es la ciudad de Alcalá de Henares. Como dijo el Director de la Fundación General, quizá Alcalá tendría que haberse “apellidado”  De Cisneros o De los Arzobispos, por la predilección que a lo largo del tiempo mostraron por ella los titulares del poderosísimo Arzobispado de Toledo.

En definitiva, pues, una exposición con la voluntad pedagógica de profundizar un poco más en nuestra historia, pero desde la perspectiva de ver la historia no sólo como un objeto de contemplación, de recuerdo o de orgullo, sino como un acicate para enfrentarnos a los retos que el futuro nos plantea y ganarlos a base de inteligencia, trabajo, perseverancia y diálogo.

P. S. Os recuerdo, a los que estéis interesados, que desde esta misma página podéis acceder a mi programa para las Elecciones al Rectorado. Sólo tenéis que “pinchar” en el enlace que puse en la entrada anterior.

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