Nada más conocido el esperado descalabro electoral del partido demócrata en Estados Unidos y, por extensión, del rechazo a la política e imagen del Presidente Obama, la Reserva Federal ha decidido dar el paso adelante en el nuevo plan de  creación masiva de dinero, que ya había adelantado su presidente, Bernanke,  hace un par de semanas. Se empezará por 600.0000 millones de dólares, pero se anuncia que será tan grande como sea necesario para relanzar la actividad económica. El tipo de interés se situará en consecuencia casi a cero, la política monetaria toca, por tanto, a su fin.

La FED es ciertamente un organismo independiente del poder político norteamericano, pero a diferencia de la autoridad monetaria europea (BCE) no tiene las manos atadas para actuar ante una recesión por la suma cero que pueden representar las asimétricas necesidades de cada uno de los países soberanos que lo comparten. Por ello, ante la perspectiva, por una parte, de un ejecutivo en EEUU al que le va a ser mucho más difícil que hasta ahora utilizar la política fiscal para insuflar gasto expansivo, ante la reclamación desesperada, por otra, de la población americana de “jobs, jobs, jobs” que se han ocupado los republicanos y especialmente el Tea Party en empujar y, finalmente, en un contexto internacional en el que China no parece dispuesta a revaluar el yuan, no parece quedarle a EEUU más alternativa que “darle a la máquina de hacer dinero”. Una vez que se apaguen las hogueras mesiánicas de la campaña electoral, la apelación a “reformas estructurales” para restablecer la competitividad americana sonará a retórica y en cuanto a los recortes de gastos, muchos gobernadores, representantes y senadores mirarán a otro lado cuando se les pregunte por cual de sus Estados o circunscripciones empezar. Ya ocurrió esto cuando Bush padre hizo esa pregunta en un famoso encuentro con gobernadores, que solicitaban recortes en el gasto armentístico tras la caída del muro de Berlín: ¨díganme con qué fábrica empiezo”. Entonces los colores se los sacaron a los demócratas, ahora les puede tocar a los republicanos.

La decisión se ha adoptado, como corresponde, por el “Federal Open Market Committe”  con el único voto en contra de uno de sus miembros, el presidente del Federal Bank of Kansas City, M. Hoenig, que no ha podido justificarlo en  otra cosa mejor que en algo académico: el peligro de inflación. Sin embargo, lo que se pretende es, precísamente, alejar el de deflación.

¿Que puede ocurrir ahora en EEUU?. Es normal que el dólar siga su tendencia devaluatoria, pero estoy de acuerdo con la afirmación que Giles Chance  hace en su libro “China and the credit crisis. The emergence of a New World Order” de que ello no reducirá la capacidad competitiva del gigante asiático y, en consecuencia, creo que vamos a ver muy pronto a los gobernantes americanos, demócratas o republicanos, atrapados entre las exigencias de su población y las del papel del dólar como divisas mundial y, en consecuencia, la tentación del proteccionismo posiblemente va a ser irresistible. Y eso será fatal para todos; sobre todo para los europeos.

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