Parecía que Bethany Mc Lean y Joe Nocera nos habían descubierto todas las fuerzas del infierno desatadas con la crisis financiera en su libro “All the devils are here: The hidden history of the financial crisis” (todos los demonios están aquí: la historia oculta de la crisis financiera). La contundente expresión “todos los demonios están aquí” es digna de su verdadero autor, Shakespeare, pero el análisis de las irresponsabilidades, vanidades, avaricias y mediocres inteligencias que, todas juntas y en todas las instancias y escalas sociales, nos condujeron a esta crisis sistémica, es un extraordinario trabajo de estos dos periodistas norteamericanos. Pero, con todo, se equivocan, porque todavía no están todos los diablos entre nosotros. Están saliendo todavía del infierno algunos más. Uno de ellos es el que inspira a descerebrados como ese futbolista, Cantoná, que pide a los ciudadanos una retirada masiva de sus fondos de los bancos. Y lo peor es que en esta noche de Walpurgis en la que se va convirtiendo la crisis sistémica, cualquier demonio será bien recibido para mal de sus seguidores y de todos los demás.

Un mediocre pintor, que sólo encontró calma para sus frustraciones, como chico de los recados, en una guerra inhumana y autoestima por el éxito de sus palabras de odio entre mendigos y derrotados borrachos de taberna, Hitler, fue el maestro de los demonios del miedo: dile a la gente asustada que entre el frío actual y el acariciador calor del hogar en calma, sólo rodeado de seres queridos conocidos, no hay un largo camino de angustia, odio, incendio y muerte y te habrás convertido, tú, en un dios amado y a los demás en una horda de lobos contra ellos mismos. Eso es lo que representan los Cantonás de estos momentos. Habría que preguntarse sobre sus motivos, encontrados tal vez en sus profundas frustraciones personales.

El dinero, en su generación, no es más que un crédito contra el producto social, no es una cosa física, sino los derechos que nos da la sociedad por la aportación que nosotros hacemos a ella. Esto hoy, en la abrumadora mayoría de los casos sencillamente se nos consigna en unas cuentas a nuestro nombre por unos intermediarios, los bancos,  que, con nuestra aprobación hacen la mayor parte de los pagos que hemos de realizar para vivir (compras, recibos, impuestos……). Podemos imaginar lo que significaría una retirada masiva de nuestros derechos de los bancos: el sistema se paralizaría y nuestras vidas también, sobre todo las de los no poderosos, las de los que no tenemos más opción que vivir y ser protegidos por el sistema. Y lo grave es que las cosas no ocurren de un día para otro, sino que tendríamos que vivir, es decir, matarnos unos otros, hasta que descubriéramos un nuevo orden.

Naturalmente, caso de tener audiencia el Cantoná ese, lo sería entre un número aunque elevado de personas, limitado y, en consecuencia, antes de llegar a más habría una “vacación bancaria” decretada por el gobierno y entonces viviríamos en el “corralito”, es decir, sin poder disponer mientras durasen esas “vacaciones” de lo que tenemos en los bancos, salvo con unos permisos especiales, que harían crecer la burocracia extraordinariamente y nuestras vidas serían mucho más difíciles que hasta ahora, mientras ese “corralito” durase.

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