Los resultados de las elecciones de “mediados de legislatura” han dejado al sistema político norteamericano ante dos opciones diametralmente opuestas y, según predomine una  u otra, las condiciones a corto y largo plazo para sus habitantes, e indirectamente para el mundo, serán muy diferentes. Los representantes republicanos y demócratas  pueden entender que el resultado de las elecciones de “mediados de legislatura”  facilita las condiciones para una colaboración entre todos, para hacer lo que todos dicen que es necesario hacer: reducir el déficit, elevar la competitividad de la economía norteamericana, crear puestos de trabajo y hacer un país más seguro. Pero también  pueden enzarzarse en una lucha encarnizada por puestos de trabajo políticos (el primero de ellos la Presidencia) en una situación en el que ni las circunstancias, ni el tiempo, ni los demás, perdonan.

De momento, todos hablan de trabajar juntos para conseguir puestos de trabajo para los norteamericanos – jobs y “putting together” son las palabras más repetidas estas semanas a lo largo y ancho del país- . Y eso no sólo por lo que hace a la gente, que lo único que puede hacer es “to be together” en familia en esta semana de “Thanksgiving”, sino a los políticos. Pero lo que hace falta es ver si eso va a ser posible en la práctica.

Dado que todos están de acuerdo en que el  tema económico es “el tema” con diferencia a todos los demás, los políticos por lo menos han tomado medidas  para definirlo conjuntamente, al margen de lo que desde cada partido y, por supuesto desde la sociedad, surja. Esto ya es digno de admiración y una gran ventaja con respecto a nosotros, los españoles. Así, dos grupos de reflexión bipartitos acaban de presentar los borradores que consideran deben de dar lugar a medidas del Congreso y de la Presidencia para poner en orden las finanzas públicas  norteamericanas. Uno es la “Comisión Fiscal” nombrada por el propio Presidente con miembros demócratas,  republicanos y expertos independientes y otro es el de un grupo de trabajo del Centro Bipartito de Política, formado por antiguos Senadores de ambos partidos.

Sus propuestas, consensuadas, son casi idénticas, lo que indica que aquí, por lo menos cuando se enfrentan a un problema serio, saben distinguir lo que es necesario para todos de lo que forma parte de la lucha por puestos políticos. Sus conclusiones son verdades sin contemplaciones:

 1)      No se han de dar mensajes falsos de recuperación inmediata, pues consideran que  aquella sólo se podrá empezar a vislumbrar a comienzos de 2012. En consecuencia consideran que no bastará con recortes de gastos, sino que habrá que subir impuestos. Por tanto, ambos partidos se mojan: los demócratas reconocen que el Presidente no debe, como ocurre en  España, crear expectativas falsas y los republicanos, advierten así a sus correligionarios que no deben de ilusionar al electorado con el señuelo de rebajas de impuestos. Una advertencia  al Tea Party, de que no es conveniente hacer demagogia con la mera reducción de gastos.

2)      Parte del dinero necesario para cubrir el déficit ha de salir de una reforma regresiva del impuesto sobre la renta, modificando los tipos y eliminando exenciones.  La Comisión preferiría que esa reforma cubriera un tercio del déficit y el resto lo fuera mediante recortes de gastos.  El Centro prefiere que recorte de gastos e incremento de impuestos cubran a partes iguales ese déficit y, en todo caso, que la reforma impositiva sea una combinación de modificación regresiva del Impuesto sobre la Renta y un incremento del IVA.

3)      En el recorte de gastos dicen claramente que tiene que meterse la tijera en Defensa, Seguridad Social y Asistencia Sanitaria. De modo que aquí se mojan tanto “halcones” como “palomas”. La Comisión considera, inclinándose en este caso hacia el espíritu de los actuales Republicanos, que en cualquier caso hay que poner un tope a los gastos, que no podrán pasar del 21% del PIB. El Centro considera que el tope ha de ponerse más adelante, una vez que ingresos y gastos hayan entrado en un cierto orden.

4)      En la partida más importante de la Seguridad Social, las pensiones, están de acuerdo en que hay que sanear el sistema incrementando las aportaciones y reduciendo las prestaciones. Las diferencias se refieren sólo al carácter lineal o no del recorte en saldo de bienestar que ello representa.

5)      En relación a la Asistencia Sanitaria pública, que en Estados Unidos cubre exclusivamente a sectores de rentas bajas y a los jubilados (Medicaid  y Medicare) ambas instancias están de acuerdo en que hay que reducir las prestaciones o, en su defecto, aumentar las aportaciones y reducir los casos de elegibilidad para ser beneficiario.

6)      Y están de acuerdo en que hay que afrontar de una  vez el debate sobre el proyecto de reforma sanitaria de Obama, con el objetivo de hacer el sistema más eficiente y, en lo demás de la ley -que es lo conflictivo-  cualquiera que sea el resultado, que se deje de “marear la perdiz” y  se calmen así  las tácticas republicanas  de revocación completa del proyecto.

Como bien ha considerado el New York Times (21 Nov.) los políticos partidistas en activo no pueden quejarse pues de falta de un plantel de ideas consensuadas ya, entre relevantes personas de ambos bandos, que permitan compartir las consecuencias políticas del sacrificio que hay que pedir a los ciudadanos. Pero eso no quiere decir que, en la práctica, vayan a escoger el camino de lo que en su interior consideran necesario hacer, sino que pueden inclinarse por la lucha partidista, regalando cada uno con su particular dmagogia  los oídos de los ciudadanos.

Y como todo es posible es por lo que se ha producido una de esas raras ocasiones en la historia de Estados Unidos en la que la autoridad del dinero (la Reserva Federal) de forma autónoma, sin presiones del Congreso, haya hecho lo contrario de aquello a lo que están acostumbrados los americanos y los mercados: aligerar por su cuenta la política monetaria para, directa y explícitamente, crear puestos de trabajo. Eran los legisladores los que, teniendo que dar la cara en sus circunscripciones, solían pedir medidas monetarias laxas y era la Reserva Federal la que habitualmente se resistía. Pero ante la posible sobreactuación partidista una vez que se constituya el nuevo Congreso, el sistema institucional reacciona de forma que a los americanos no les falte un arma con la que luchar contra la erosión de la competitividad de su economía y, así, se ha optado por la devaluación del dólar, que va contra todos nosotros.

De manera que, por el bien de todos, es necesario que salgan adelante esas propuestas duras, pero realistas, que son capaces de hacer los políticos cuando se reúnen cara a cara,  se dicen la verdad, y no lanzan meramente discursos demagógicos.

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