Para la triste realidad de los europeos, sobre todo los del sur, que nos acostamos cada noche con la sensación de que nuestros responsables políticos no hay manera de que se pongan de acuerdo para asumir el riesgo de abrir las puertas a la recuperación económica, es ejemplar observar lo que  está ocurriendo en Estados Unidos, pero como ya he dicho es a la vez frustrante ver que no hay manera de hacer lo mismo por no tener la unión política que permitiría que un gobierno común se hiciera responsable de todo el conjunto de los ciudadanos, en lugar de estar en esta situación en la que nadie se fia de nadie y no hay manera que el crédito fluya de nuevo desde donde hay ahorro hasta donde hace falta inversión para crear puestos de trabajo.

Si el d’ia 3 de Noviembre la Reserva Federal abria las puertas a la compra de bonos en manos de los bancos a cambio de “dinero fresco” en una cantidad inicial de 600.000 millones de dólares, pero anunciando que se ampliaría cuanto fuera necesario, ahora el Presidente Obama ha llegado a un acuerdo histórico con los que desde el mes de Enero mandarán en la Cámara de Representantes, los Republicanos, para dejar más dinero en los bolsillos de los americanos a base de rebajar impuestos, ya sea a ricos o a pobres. Esta generalización tiene irritados a los de su propio partido, pero acabarán entrando por el aro, porque la política americana se ha puesto por fin las pilas y ha convertido en su objetivo prioritario la creación d puestos de trabajo. Aunque eso, lo veremos muy pronto, va a incermentar las tensiones con China y nos va a ir introduciendo de una manera u otra en un nuevo proteccionismo.

En Europa, el panorama no puede ser más desalentador. Merkel y ahora unido a ella Sarkozy, que son los representantes de los países acreedores, siguen en su ceguera de creer que será posible enderezar la economía europea a base de meter miedo a los países deudores y no facilitarles la defensa frente a la especulación de los mercados mediante, por ejemplo, la creación de un “bono europeo”. Han llegado a argumentar abiertamente que no están dispuestos a que sus ciudadanos paguen las deudas de los demás. En su miopía por mantener sus puestos regalando los oídos a sus ciudadanos menos informados y menos europeístas y, con ello, pensar que mantendrán sus puestos políticos, no se percatan de que el problema que se avecina con la ralentización del crecimiento en China, en parte por los efectos de la política americana, es el de la paralización de su propio crecimiento. Y en ese momento no habrá más salida para todos los países europeos que provocar una “reflación” de las zonas con más necesidad de crecimiento, es decir los países hoy endeudados. Es hora de terminar pues con el teatro, como ya ha empezado a hacer con decisión Estados Unidos. Y es que en Europa no habrá más solución que más Europa.

Ver:
http://www.nytimes.com/2010/12/16/world/europe/16europe.html?_r=1&ref=business

 

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